La ayahuasca
Preparaba su propia receta de ayahuasca y, al cocinarla, mostraba una a una las plantas de la mezcla y explicaba el papel de cada una.
Curandero, maestro de las plantas y guardián de la medicina ancestral de la Amazonía peruana. Quienes lo conocieron lo llamaban «el Hombre de la Luz».
Monteros Expedition nació de su camino. Todo lo que hoy compartimos con los viajeros —el respeto por la selva, el conocimiento de las plantas y las ceremonias de ayahuasca— lo aprendimos de él.
Durante más de cinco décadas, Don Antonio dedicó su vida a sanar y a enseñar. Recibió a científicos, médicos, farmacéuticos, estudiantes y viajeros de todo el mundo, y a todos les habló de la selva con la misma sencillez y el mismo cariño.
Decía que el conocimiento lo sembraron sus abuelos como semillas, pero que lo más profundo se lo enseñaron las propias plantas.
— Lo que Don Antonio nos repetía
Desde los cuatro años lo criaron sus abuelos en Lamas, en el norte del Perú. Creció remando en canoa, tejiendo redes, pescando, sembrando yuca y aprendiendo el nombre de cada árbol del monte.
Su abuelo, curandero de la comunidad, lo llevó a una gran lupuna en medio del bosque y lo dejó allí un mes entero: en dieta, sin sal ni azúcar y sin hablar con nadie. Allí tuvo sus primeras visiones de los espíritus de la selva.
Trabajó como buscador de árboles de caucho, lo que le enseñó a reconocer las formas de las plantas, y también como panadero en Iquitos. Pero siempre volvía a la selva. Hacia los veinte años empezó a curar, y se especializó en las ceremonias de ayahuasca.
En 1991 conoció al etnobotánico estadounidense Dr. James A. Duke, con quien tuvo una amistad de décadas. Trabajó con Explorama Lodges y fue curador de los jardines de plantas medicinales de ACEER (Centro Amazónico de Educación e Investigación Ambiental).
Creó jardines etnobotánicos que funcionan como aulas al aire libre: ReNuPeRu, a orillas del río Napo, y otros en Sucusari, Cahuide, la Estación Biológica Los Amigos y Fondo Concepción. Por más de veinte años enseñó allí a miles de personas.
Siguió compartiendo su conocimiento hasta el final: su último taller fue en Iquitos, en 2019. Partió el 24 de marzo de 2020. ACEER le otorgó el Premio Legado por su vida dedicada a la conservación de la selva y a la medicina de las plantas amazónicas.
Preparaba su propia receta de ayahuasca y, al cocinarla, mostraba una a una las plantas de la mezcla y explicaba el papel de cada una.
Con plantas aromáticas y flores preparaba un baño que derramaba sobre la cabeza de los visitantes, pidiendo a la selva su energía y protección.
Con su shacapa, un manojo de hojas secas, limpiaba las energías negativas, y con sus ícaros, los cantos de las plantas, guiaba y cuidaba a cada persona durante la ceremonia.
Su propia voz, cantando a las plantas. Con sus ícaros guiaba la ceremonia y cuidaba a cada persona.
Algunas fotos de su vida, guardadas por la familia.
Hoy la familia Montero sigue su camino. Con el mismo respeto por las plantas y por cada persona que llega, compartimos la selva, las comunidades nativas y las ceremonias de ayahuasca tal como él nos enseñó.
Hijo de Don Antonio. Creció a su lado aprendiendo de las plantas y hoy lleva adelante Monteros Expedition.
Hijo de Don Antonio. Continúa el legado de su padre y acompaña a los viajeros en la selva.
Le sobreviven su esposa, Asteria Vílchez, y sus hijos Marina, Mercy, Antonio, Gilmer, Nilton, Mileybi y Odiseo.
Retiros de ayahuasca y experiencias en la selva de Iquitos, guiados por quienes aprendieron de Don Antonio.